sábado, 14 de mayo de 2016



La pesadilla del escritor



Se acabó.
Se quemaron tus sueños, estás sola.
Se terminó.
No hay nadie para ti, ahora.

Las personas van y vienen.
Sin ver, sin respirar.
Y tú no eres nada en particular.
Una mancha oscura en esta sociedad.

¿Por qué no aprietas el gatillo?
Tu existencia no tiene sentido.
Tu alma es un ente podrido.
Carcomida por tus propios delirios.


No eres nada en particular.
Sólo un par de yemas que no pueden sentir
Que apenas sí pueden teclear.
Lo que tu corazón no quiere latir.


Podrás evitarme e ignorarme.
Pero nunca  deshacerte de mí.
Soy el que te torturará hasta el desarme.
Lo que tu depresión llamó en el medio de tu sufrir.

Soy el perro negro que aúlla por las noches.
Lo que tú no puedes llorar.
Soy el guardián de tus desesperaciones.
Lo que invocaste, sin invocar.


Reza, reza todo lo que puedas.
Llena tu muñeca de crucifijos.
Pero sabes que no soy lo que piensas.
No puedes acabar conmigo.

Porque, para eso, debes acabar contigo.
Ya es tarde para buscar el Sol.
Estás sumida en el mar infinito
De la triste depresión.

Y te aullaré todas las noches.
Y soplaré sobre tu oreja mientras duermes.
Y me recostaré a tu lado mientras escribes.
Porque soy el can fiel de tu desquiciada mente.

Y estaré contigo por siempre,

Hasta que nos separe la dulce muerte. 


 Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.



A.M.A.N.T.E.
(Asesino.Maniático.Alcohólico.Narcisista.Terrible.Enfermo)



   Eres un enfermo… Te odio, te detesto.
   Y te necesito tanto.
   ¡Maldito sea este sentimiento funesto! Que alimenta el morbo de mi corazón indiscreto y ahonda la herida que cicatrizar no quiero.
Chico navaja, hazme ver el Infierno. Quiero dar una vuelta por el camino de tus desenfrenos. Probar la vid amarga de tu asqueroso deseo y embriagarme finalmente, para terminar en tu lecho. 
   Y luego… tú sabrás.
   Y luego…
   Ya habrá tiempo para llorar.
   Ábreme, escúpeme y deja que te muerda. Quiero beber tu sangre, quiero hacerte llorar e insultarte en todos los idiomas inexplicables de mi diccionario de lujurias.
   Eres mi…
   Asesino.
  Maniático.
  Alcohólico.
  Narcisista.
  Terrible.
  Enfermo.
  Y completamente mío  (por el momento)
  Y lo demás, no importa.
  Y lo que digan, no me importa.
  Al Diablo con la moral, al Infierno con los pretextos. Quiero pasarla mal. Y en ese mal asquearme de deseo, ahogarme bajo las olas pélvicas de tu mar funesto. Rayar la locura y gritar con desuello. Morder, lamer y estrangular tu cuello.
  Quiero ser el cliché vampiresco más abominable de todos los tiempos.  Y que a mi lado Báthory parezca un inocente cordero.  Quiero que seas mi Hellsing y me claves tu estaca en lo más profundo del pecho. Y me quemes con tu agua bendita, ¡hasta la última gota! Y sin revuelos. 
   Y no me tengas lástima, porque así lo prefiero. Y sabes que en el fondo, también te encanta esto. El sexo entre nosotros sabe mejor cuando hay dolor de por medio.
   ¿Captaste, hombre?  Te quiero dentro, y fuera de mi corazón.
   Un amor por las noches, que abortaré a la mañana.
   Un rostro que me besará, y se quemará en cuanto la Luna se vaya.
   Y no te quejes corazón, si para eso sirven ustedes.
   Para aliviar la emoción.
   Eres un…
  Asesino.
  Maniático.
  Alcohólico.
  Narcisista.
  Terrible.
  Enfermo.
  Y así te quiero.

  Mi horrendo amor. 

                                       Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.



viernes, 13 de mayo de 2016



El pañuelo de tu lágrima



Sin importar el dolor del sacrificio.
Yo, por ti, recibiría la bala.
Porque lo vales, y no me arrepiento de lo que digo.
Porque eres todo, y sin ti, no sería nada.

Porque, cuando la oscuridad me atrapó, tú me salvaste.
Con tu palabra sincera, dosificaste mi temperamento.
Tan pocas personas así: estás en extinción, y no lo sabes. 
Eres un bypass a mi corazón, mi verdadero sustento.

He encontrado una pepa de oro entre tantas rocas.
Y no la dejaré ir, pese a que el tiempo decida. 
Me mantengo de tu amor, y tus dulces palabras.
Eres la madre de mi angustia, una caricia a mi autoestima.

Porque tú ves en mí algo más que plumas negras.
Oscuridad ponzoñosa, y angustias austeras.
Cultivas el amor dentro mío, y riegas mi confianza reseca.
Eres el ejemplo a seguir, que jamás podré imitar, siquiera.

Pero no me importa, porque tengo el original.
Te tengo a ti, y a tu cariño complaciente.
Lo que jamás tuve, y ahora gozo, de verdad.
Lo que siempre quise, y siempre estuvo ausente.

Y por eso, ahora tengo una misión:
Ser la guardiana de tu alegría.
Preservar intactos, tu alma y tu corazón.
Cuidar de tu sentimiento, llenar el agujero en tu herida.

Déjame ser la que reciba la bala.
Cuando los chacales ronden a tu alrededor.
Déjame resguardarte de esas artimañas,
De esos chupasangres austeros, carentes de corazón.

Porque te debo todo, y lo sabes.
Porque acepto, con alegría, mi labor de hija.
Porque  agradezco, de veras, tu papel de madre.
Llevaré conmigo, por siempre, el recuerdo de tus caricias.

Y esta vez, escribo en serio.
Permíteme ser tu chaleco anti- balas.
El cordero de tu monasterio.

Déjame ser el pañuelo de tu lágrima.   


Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.







¡Clic!



Una nueva religión envuelta y perfumada.
Posa y sonríe antes del flash.
Sus seguidores son caros y visten de Prada.
No dicen “amén”,  pero sí  “oh, la lá”.

La vida es una pasarela: 
Debes saber caminar.
Contestar a las cámaras con las poses correctas.
Aceptar la prenda que te tocó desfilar.

Maquilla con rigor al pecador.
Posa ¡Clic! Sonríe ¡Clic!
Piernas kilométricas causan sensación.
Rush por aquí, un poco de colágeno por allí.

Una buena actitud…comercial.
Ésa es la verdadera clave.
Lo esencial para poder triunfar.
Y si algo no te gusta, puedes cubrirlo con base.

Ricky Sarkany, Dolce y Gabbana
La marca define tu estatus social.
Tacos bordados en oro, máscaras faciales importadas…
Con cosas así, ¿a quién la importa la paz mundial?

Si eres bello por fuera, no importa qué hay dentro.
La cámara será tu espejo racional.
Las monjas de la moda  se llaman modelos.
Las revistas importadas son tu guía espiritual.

Adelgaza, arquéate, apoya un pie aquí.
¡Clic! ¡Posa! ¡Clic! ¡Sonríe!
Muestra, atrévete, eres un bello maniquí.
¡Clic! ¡Posa! ¡Clic! ¡Ríe!

Déjate llevar por el flujo materialista.
¿Sientes cómo te atraviesa el flash?
Olvídate de tus sentimientos, y hasta de ti misma.

Porque si eso importara, estaría en algún centro comercial. 

Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.
"Material Girl in material World", Pinterest

jueves, 12 de mayo de 2016

¡Tercer capítulo! :D




Rebecca Hudgens
 (Y la banda forzada)





-          ¡No estuvo tan mal!
-          ¿Que no estuvo tan mal?- replicó Rebecca, observando a su compañera cual si le hubiesen crecido dos cabezas.-  ¡Nos tuvieron allí sentadas durante tres horas! ¡TRES HORAS! – repitió, con exasperación: la verdad era que no recordaba haber tenido una clase teórica tan aburrida, siquiera en su escuela. Y eso, era decir demasiado.
    Andrea y ella caminaban a través del vacío corredor, entre bostezos y restregadas graduales de ojos: eran las ocho de la mañana y sábado, por lo que el resto de los campistas seguían en sus dormitorios, quitándose los últimos vestigios de la fiesta de la noche anterior. Una excelente oportunidad para coger los mejores horarios de las próximas clases... o eso afirmaba Andrea, por lo menos.   
-          ¡Ah, no exageres!- dijo esta última, poniendo los ojos en blanco, mientras tecleaba algo en su móvil: a diferencia de Rebecca, Andrea era- en el sentido más respetuoso de la palabra- una traga libros. Y, por ser una artista, era demasiado recta y exigente consigo misma, leyendo la teoría cual si se tratase de la Biblia y repasando las clases con furor de erudito.
   La chica no mintió cuando dijo que se tomaba el campamento en serio.
   “Cómo alguien puede gastar tanto dinero- y tiempo- en un lugar como éste, nunca lo comprenderé”, pensó Rebecca, mirando de reojo a su compañera y suspirando. Y es que, de veras, ¿clases a nivel escolar? ¿Exámenes semanales? ¿Y sábados matinales forzosos? Aquél lugar había logrado algo que la joven nunca creyó capaz: hacer del ocio, un completo infierno. Y, en eso pensaba ella, cuando una risita llegó a sus oídos y la obligó a volverse hacia Andrea; quien la observaba con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo extraño en los ojos.
-          ¿Qué? – murmuró la pelirroja, devolviéndole la mirada a su amiga con una ceja alzada e inquisidora.
   Andrea se acomodó un mechón castaño detrás de la oreja y se detuvo frente a la enorme cartelera naranja que se encontraba en medio del pasillo principal, antes de decirle a la otra, mirándola de reojo:  
-          Quizá debamos invitar a tu amigo a la próxima clase: ya sabes, así no te aburres.
    Y eso fue más que suficiente para que Rebecca se detuviese abruptamente y- por poco- dejase caer su bolso de la sorpresa…y los nervios. Pero que la jodieran si admitía eso último.
-          ¡¿Qué cosas dices?! – exclamó ésta, con las mejillas encendidas, y revolviendo estúpidamente entre las rústicas listas acomodadas sobre la plataforma de tergopol, a la vez que salvaba su bolso de una coalición segura contra el suelo. 
   Cuatro días pasaron desde aquél “incidente” con ese tal Bryan, y Andrea pareciera no querer dejarlo ir, molestándola con bromas y dobles sentidos constantes; hasta convertirlo en un irritante hábito.
   Hábito que, pareciera, no mermaría en lo pronto.
-          ¿Mm? ¿Qué fue lo que dije? – inquirió Andrea, pestañeando de una forma que pretendía ser inocente, mientras fotografiaba las listas de su interés con el móvil. Pero era más que obvio que estaba consciente de su reacción: su sonrisa la delataba. O, quizá, siquiera se molestaba en simularlo.
    Cabrona.
-          Espera, ¿te apuntas a las clases de Rock? – preguntó Rebecca, olvidando de a momentos su incomodidad tras observar las clases de su compañera por sobre el hombro de ésta.
-          ¡Pues claro, tontita!  - replicó ésta, entre risitas, cual si fuese lo más obvio del mundo. - ¿Qué esperabas?
    La verdad era que Rebecca veía a su amiga en una banda de Rock con la misma seriedad que a un hada en una correccional. Pero supuso que el arte era flexible… o algo así.
-          Pensaba que harías ópera o pop.- admitió ésta última, encogiéndose de hombros, mientras anotaba en su descuidada libreta los horarios de su próxima clase: había olvidado su móvil en el dormitorio.
    Joder, ¿se había despertado dos horas antes que el resto sólo para tener disponibles las clases de las nueve y diez de la puta mañana? ¿Es que llevaba encima un yunque kármico o qué?
-          ¿Ópera? ¿Por qué clase de aburrida me tomas, eh? – replicó Andrea, entre agudas risitas, y apoyando un codo sobre el hombro de la otra en un intento de que le prestase atención. No es que aquellos absurdos horarios fuesen mucha competencia, la verdad.- Lo mío es el Metal Sinfónico.- agregó ésta, con algo parecido al orgullo en su aguda voz.  
    Por la manera en que lo dijo, se suponía que Rebecca debía estar sorprendida. Pero la verdad era que ella nunca oyó hablar de algo así, e ignoraba qué grado de “diversión” pudiese llegar a tener un subgénero de Rock que llevase la palabra “sinfónico” consigo. Por lo que su reacción se redujo en un extrañado:
-          ¿Metal...sinfónico?  
    Andrea dejó de hacer lo que estaba haciendo para observar a la pelirroja con escepticismo, cual si no creyese la veracidad de su confusión. Y suspiró ruidosamente cuando llegó a la conclusión de que, en efecto, su compañera no bromeaba.
-          Ya sabes: tíos con violines eléctricos, chicas con voces sopranas, coros… de ese estilo. – explicó, finalmente, con infinita paciencia.
    Pero eso no hizo que Rebecca sintiese un mayor “respeto” por ello: ¿violines? ¿Coros? Todo eso sonaba a música de salón, la verdad. Aburrida y clásica música de salón ¿Y se suponía que eso era guay?  
   “De gustos no hay nada escrito, supongo”, pensó la pelirroja, si mucho interés, antes de encogerse de hombros y volver la mirada a la lista de horarios y anotar lo que le faltaba.
    Putos horarios. Puta vida.
-          Será mejor que sostengas tus cosas, Beck.- dijo Andrea, de repente. Y Rebecca no la vio, pero pudo sentir aquella sonrisa burlona surcando los labios de ésta.- Porque ahí viene.
-          ¿Qué…?
   La pelirroja no tuvo tiempo para replicar, puesto que en el preciso momento en que movió sus ojos del tablero de anuncios, Bryan y su grupo se acercaron hacia ellos.
   Dicho muchacho reía, junto con los otros, de algún chiste- aunque, ahora que lo pensaba, Rebecca no recordaba un sólo momento en el que éste no lo hiciese- pero calló al instante al verla. Y, por un momento, los ojos de ambos se encontraron. No de la manera romántica y clicherosa, tan aclamada en las películas, sino con una mezcla de confusión y ansiedad que sólo provocó que Rebecca se arrepintiese enormemente de aquél repentino contacto.
   Ella fue la primera voltear la mirada.
   Y él se rascó la nuca, extrañado, antes de retomar la conversación con sus compañeros y perderse en el fondo del vacío corredor.  
   Y todo volvió a sumirse en silencio.  
   Rebecca se mordió el labio y volvió a respirar: esos fueron, sin duda, los peores cinco segundos de su vida. Y, tan ensimismada se encontraba en su propia incomodidad, que no se percató de la mirada de Andrea, hasta que ésta exhaló un sorprendido:  
-          Vaya.
-          ¿E-eh?- farfulló la pelirroja, con las mejillas aún del color de la grana, y el corazón latiéndole fuertemente contra el esternón: un poco más y, estaba segura, explotaría.
    Su amiga ladeó la cabeza y la miró con pena, antes de señalar con un dedo el lugar por donde- hacía tan sólo unos momentos- Bryan y el resto habían desaparecido.
-          Eres pésima en esto, ¿lo sabías?
    Rebecca no se dignó a responder a ello: demasiado enojada estaba consigo misma y sus ridículas y nuevas emociones como para hacerlo ¿Qué le sucedía? ¿Y por qué le molestaba tanto la presencia de ese chico? Si no le hizo nada, en verdad. “Hace que me sienta como una estúpida”, pensó, incómoda en su propia piel.   
-          Espero que practiques un poco esa sociabilidad tuya, porque de lo contrario la pasarás muy mal.- comentó Andrea, quitándola de sus ensoñaciones de nuevo, y observándola con cierta preocupación en el rostro.  
-          ¿A qué te refieres? – murmuró Rebecca, tontamente, y haciendo acopio de todas sus fuerzas para volver a la normalidad.
    La sonrisa volvió a los labios de Andrea con renovada fuerza ante las palabras de la otra. Y, con un brillo en los ojos que a Rebecca no le gustó en lo absoluto, dijo:
-          Bueno, acabas de anotarte a todas las clases de Rock Convencional… y dudo que ese chico vaya a mis cursos, ¿sabes?
    La bajista observó a su amiga, con extrañeza, durante unos segundos. Y, en cuanto comprendió lo que ésta quiso decir, empalideció: entonces… ¿tendría que verle la cara a ese Bryan todos los días? ¿Luego de aquél bochornoso incidente en el corredor? ¿Y, para colmo, sola?
-          Ven conmigo.- dijo la pelirroja a Andrea, sin poder evitar el tono exasperado en su voz, ni el temblor de su labio inferior.
    Wow. De veras que estaba desesperada.
    Y la mirada burlona de su compañera no ayudaba en lo absoluto.
-          Lo siento, guapa. – replicó la otra, aunque sin mucha pena al respecto: era obvio que todo aquello le divertía muchísimo.- Pero creo que sólo compartiremos los teóricos.- agregó, con una enorme sonrisa.    
   Rebecca abrió la boca para protestar, cuando el timbre que indicaba las clases comenzó a resonar y la interrumpió, acaparando el campo acústico por muchos metros a la redonda. Y ahuyentando sus quebrantables excusas.
-          Bueno, ésa es mi llamada.- dijo Andrea, encogiéndose de hombros, y acomodándose el bolso lila al hombro.- ¡Suerte!  
   Y, tras dedicarle un guiño cómplice, la cantante se fue, dejando a Rebecca sola y consumida por los nervios.
  

***


   Rebecca no quería estar allí.
   Ni en aquél campamento, ni en el fondo de aquél salón, ni rodeada de todos esos extraños y- mucho menos- despierta. No.
   Rebecca, simplemente, no quería existir.
   Y, por si eso fuera poco, su profesor era el epítome hípster por excelencia: demasiado joven para enseñar- no debía de llegar a los treinta años- con gruesas gafas de carey y un aspecto cuidadosamente desalineado. “¿Cuántas horas habrá estado frente al espejo para que su cabello quedase así?”, pensó la pelirroja, con desagrado, observando aquella maraña de cabello rubio recogida en un extraño hopo, a un costado de su cuero cabelludo. Y ni hablar de esa barba: dios, era como si una rata estuviese succionando su barbilla.
    Pero las demás chicas de su grupo parecieran no tener problema alguno con ello, cuchicheando entre ellas- emocionadamente- y mirando al profesor de soslayo. Ugh.
    Era en momentos como ése en que Rebecca se preguntaba qué tanto habían evolucionado. “No lo suficiente como para que la gente viese atractivo eso”, pensó, frunciendo la nariz, con disgusto.
    Los primeros minutos sucedieron con bastante tranquilidad: el profesor se había sentado sobre el borde de su pupitre- ganándose un par de suspiros de parte de su nuevo “club de fans”- para hablar sobre los aspectos generales de la materia, mientras que el resto escuchaba y hacía preguntas. Todo iba bien, puesto que Rebecca lo único que debía hacer era apoyar la barbilla sobre sus brazos y esperar a que pasase el tiempo: estar en el fondo de la clase tenía sus beneficios, al fin y al cabo.
    Pero, por supuesto, era demasiado bueno para ser verdad. Y, justo cuando la pelirroja pensaba que aquél día no sería tan malo, el profesor se incorporó de su asiento y dijo:
-          Si aún no han formado bandas, les recomiendo que lo hagan ahora.
   Y no necesitó decirlo dos veces: en cuestión de segundos, las patas de los pupitres comenzaron a chirriar contra el suelo, y los campistas a entablar conversación unos con otros; en busca de potenciales compañeros.
   Menos Rebecca, por supuesto, quien no pudo más que quedarse congelada sobre su asiento, y con un terrible retorcijón en el estómago.
    Ella no quería formar una banda.
   Joder, ella siquiera quería estar allí.
   “Que no me vea, que no me vea…”, rogó la chica para sus adentros, y con los ojos pegados en su libreta. “Que siga con la clase y no me vea…”  
-          Rebecca Hudgens.
   Mierda.
   En cuanto el hombre habló, la clase se tornó en un repentino silencio y Rebecca pudo sentir las miradas del resto sobre ella: estupendo. Simplemente genial ¿Qué mejor que un poco de humillación pública para comenzar el día, eh?  
-          ¿S-sí…profesor? – farfulló la aludida, haciendo un esfuerzo supremo por ignorar a sus compañeros y mantener, aunque fuese, una mísera parte de su dignidad.
-          No tienes grupo. – declaró el profesor, acercándose hacia, libreta en mano.
   Pues, gracias por la observación, capitán obvio.
   Un par de risitas- provenientes del grupo de chicas cuchicheantes- llegaron a sus oídos y la pelirroja no pudo evitar ruborizarse a causa de la involuntaria atención: pareciera una cruel broma que, pese a encontrarse en plenas vacaciones, se sintiese como en la secundaria.  
    “Voy a matar a Lily cuando vuelva a casa”, pensó, encogiéndose como podía en su asiento, y evitando a toda costa las miradas curiosas del resto de la clase. “Y revivirla, para hacerlo de nuevo”
    Pero el profesor siquiera pareció percatarse de la situación- bastante insensible por ser un “artista”, a decir verdad- y, tras garabatear algo en su prolijo cuaderno negro, señaló a Rebecca un punto indefinido del salón, a unos metros de donde se encontraba.
-          Tocarás con ellos: a fin de cuentas, necesitan bajista.- dictaminó, sin dar lugar a preguntas.
   Haciendo lo posible por no hacer contacto visual con nadie- en especial, con las dos chicas que no paraban de reírse- Rebecca juntó sus cosas, las acomodó torpemente dentro de su bolso y se dirigió hacia donde el profesor veinteañero le indicó.
   Y no fue, hasta que sus rodillas chocaron estúpidamente contra el borde de un  pupitre- que la pelirroja levantó la mirada para encontrarse con sus forzados y futuros compañeros.
   Y quiso morir.
   Porque, desgraciadamente, conocía a uno de ellos. 
-          …Ey. – murmuró Bryan, con aire cohibido, y observándola de la misma manera que lo haría alguien frente a un animal herido y violento.
   Y no era el único.
-          …Ey.- replicó ésta, pálida como la cera.
   Por qué.
   ¿Por qué a ella?   




                                  Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.



Los Fantasma


   La luz de la vela se consumía rápidamente en la penumbra de aquella diminuta habitación. Las puertas estaban carcomidas por insectos, las paredes gimiendo a causa de la humedad, la vida huyendo de la corrosión de aquél horripilante espacio.
   Todo huía de allí, todos repudiaban aquella triste casa, en las afueras del pueblo Onreva.
   Todos, menos los Fantasma.
   Pertenecientes a una antigua familia aristócrata, ellos dos eran los últimos herederos de una fortuna que mermaba, los últimos vestigios de una reputación en sus momentos, intachable. Corría sangre negra por sus venas, un orgullo muerto en su pecho. Tenían una diadema rota sobre sus cabezas. 
   Eran los Fantasma.
   Eran hermanos y se odiaban.  Vivían juntos porque no había dinero suficiente para mudarse. Se hablaban porque la soledad los mataba. Aunque en el fondo, y ellos lo sabían, ya estaban muertos.
   Eran fantasmas.
-          - Elsa.
-          - Horacio.
-          - ¿Dónde están nuestras joyas, nuestros campos y orgullo?
-          - ¿Dónde está tu corazón, hermano?
-          - ¿Dónde está el escudo? ¿Qué ha sido del oro y la admiración?
-          - ¿Qué ha sido de nosotros, desdicha de sangre?
-          - ¿Cuándo fue que caímos en el Infierno de la pobreza?
-          - ¿Alguna vez tocamos el Cielo?
-         -  Estamos condenados a morir en despojos…
-          -  … Y vivir de ruinas.
-          -  Elsa, mi muy amada hermana, cásate con alguien que te merezca. Haznos ricos de una vez, devuélvele la gloria a esta desdichada familia.
-            - Sabes bien que nos odiamos, y que no hay mano que me merezca.
-           - Sabes bien que moriremos de hambre si no buscas algo antes que este año perezca.
-          -  No haré nada que te haga feliz.
-          - ¿Siquiera a ti, mi muy repudiada hermana?
-          - Siquiera a mí.
-          - Tan bella, tan joven…
-          - Tan insulso, tan lascivo…
-           - Tan esbelta, tan llamativa…
-          - Tan odioso, tan impío…
-          -  Elsa…
-          - ¿Horacio?
-          - Permite, por favor, que tus tiernas décadas sean el néctar negro que atraiga a  las gordas abejas, mi muy odiada hermana, mi sanguijuela insaciable. Llévanos a la colmena, ¡y saciémonos con la dulce miel que baña al oro!
-          - Horacio…
-          - ¡Complace a nuestros padres y abuelos, libérame de la congoja que nos da la pobreza, sirve a tu estirpe!
-          - Yo sólo sirvo a Dios.
-          - Dios nos ha abandonado, al igual que la gloria.
-          - La vida es sólo un recuerdo…
-          - Un mito embustero…
-          - Un insano presentimiento.
-          - Es carne latiendo.
-          - ¿Cuándo dejó de latir la nuestra?
-         -  Elsa…
-          - ¿Horacio?
-          -  Ofrece tu mano, ¡y tienta a la sabrosa suerte a volver a nuestra morada! Y que empalague nuestros l labios con el dulce vino de la dicha… ¡de la dicha de ser rico!
-          - Rico…
-          - ¡Oro, oro!
-          - Riqueza...
-          - ¿Quién no ha deseado nunca al Gran Amarillo? ¿Quién no daría su alma, su vida, por él?
-         -  La vida es sólo un recuerdo…
-          - ¿Quién no se entregaría a su lujuria dorada?
-          - Un mito embustero…
-          - Dime, hermana, ¿quién?
-          Carne latiendo…
-          - ¡Déjala que lata, que lata! ¡Entrega tu carne al Gran Amarillo, y libéranos!
-          - Horacio…
-         -  Elsa, ¡rifa tu corazón y píntalo de dorado! ¡Oro, oro, oro!    
-         -  No lo haré.
-          - ¿Por qué no?
-          - Porque estamos muertos.
-          - Siempre encuentras una excusa para todo.

        Eran fantasmas. 
                                     
                                      Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.