viernes, 20 de mayo de 2016



Y aquí vamos de nuevo




   Y ahí vamos otra vez.
   Todo iba bien hasta que volviste a torturar esta pobre mentalidad y sabes que soy débil y sabes que voy a ceder… Eres un veneno al alma que, de vez en cuando, me hace delirar y cambiar de parecer.
   Nada de esto es real.
   Y aquí vamos otra vez.
   Creía que habíamos terminado, que el tiempo podría borrar el sabor de tus labios, que un nuevo cuerpo sería capaz de reemplazar tus abrazos pero todo fue un error. No tenías planeado dejarme en paz y es que sabes que, en el fondo, te sigo deseando con pasión. Sabes que, cuando marques esos números, no voy a dudar dos veces en levantar ese teléfono con renovada emoción.  
   Soy peor que un infante, ¿cierto? Vivo con la ingenuidad de que algún día me querrás, creo en tus mentiras cual si fueran una verdad.
   Somos los dioses de la promiscuidad.
   Somos una mentira en la cama.
   Un coro de gemidos enlatados.
   Y, si  me preguntas, somos el dúo perfecto.
   Y, si me preguntas, nunca te he olvidado por completo.
   Y aquí vamos otra vez.
   Si supieras cuánto me detesto por esto… pero no puedo, no puedo extirparte de mi sentimiento, no importa con cuántos hayas estado, no importa cuántas veces me hayas engañado, mientras duermas en mis brazos no me importará cuántos te hayan disfrutado.
   He gozado la carne del Olimpo, me he embriagado con el ardiente vino, me he deleitado con el banquete promiscuo pero nada se compara contigo. Ningún cuerpo, ningún gemido, absolutamente nada puede superar la sensación que produces en mi alma cuando susurras a mi oído, cuando tomas mi mano con esa timidez de niño, cuando apoyas tu frente sobre mi hombro buscando algún alivio.
   Y nada, absolutamente nada, se compara al quiebre que siente mi corazón cuando escapas de mis besos y desapareces sin dar aviso. Ignoro si esto es amor, obsesión o algún otro tipo de sentimiento raído y en el fondo no quiero saberlo y es que tengo miedo pero no me atrevo a admitirlo.
    Y ahora que vuelves a mí creo saber cómo seguirá esto: hemos creado sin querer un hábito perverso, nuestros actos son tan mecánicos pero, extrañamente, jamás me canso de hacerlo.
    Nada de esto es real.
    Me pregunto si será un sueño.
    O una triste enfermedad.
    Y aquí vamos de nuevo.    



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La Gran Sombra


   Jugando a la Ouija de mi pensamiento, te llamo en medio de mis lamentos.
   Y te pido que me hables, con una plegaria cargada de incienso.
   La confusión de este mundo me ahoga, la soledad a mí oído susurra y tú, sombra de mis delirios, aúllas en los bordes mi tabla.
   Ven, Gran Bestia, sálvame del suicidio.
   Yo soy el Guardián de tu alma y el vengador de tus sollozos: dame la orden, artista, y en tu nombre, mataré.
   Tengo tanto miedo…
   Tengo las garras afiladas y los colmillos sedientos: dime a quién y lo haré.
   Ven a mí, Gran Bestia y hazme sentir tu poder. Dame la fuerza que necesito para luchar, déjame descansar sobre tu pesada piel.
   Súbete a mi lomo y escapemos: te llevaré al más hermoso de los infiernos y calentarás tu odio en mi fuego, pulirás tus rencores y los teñirás de acero. Conmigo jamás perderás, lo prometo.
   Tan cansada, tan sola…
   No volverás a agachar la cabeza, lo juro…
   ¿Daría mi alma a una venganza?
   ¿Daría mi corazón a un lobo?
   Sólo un poco más, y seremos uno… 
   Mueve esa copa por mí, compañero, y reconforta mi horrible pensamiento. No me dejes caer en la tentación de mi sentimiento funesto. Aléjame de la maldad de este corazón corrupto, enséñame algo nuevo.
   Te enseñaré algo que no conoces: te mostraré la dignidad y el sabor de la sangre. Cazarás a tus propios enemigos y los devorarás. Serás libre y temido, un dios salvaje. Conmigo, tendrás eso y mucho más. Libérame, y seré tu sirviente más leal.
  Hay una bestia en mi interior, que desea morder. Una Gran Sombra que causa temor y me hace escocer. Mueve la copa de mi tablero, lobo, haz erizar mi piel.
   Soy la bestia de tus delirios, la que aúlla sobre tu oído y te hace tiritar. Soy el guardián de tu lágrima y el que, la vez, te hace llorar. Soy La Gran Sombra, la que te acompaña por la noche y en el día espera a que la vuelvas a llamar. Quizá no me quieras, escritora, pero siempre estaré ahí, en esa pequeña porción de tu alma, esperando que tu muro se rompa para poder escapar.
  Y cuando eso suceda.
  Los temibles nos temerán.
  Y cuando esta copa se quiebre…
  Un Infierno se desatará.
  Y entonces, sólo entonces…
  Ellos me verán y será su final.  
   Y todo será mi culpa.
   No habrá vuelta atrás.
  ¿Qué he hecho? ¿Cuánto más podré aguantar? Soy la culpable de mi vida y de este monstruo que cultivó mi actuar.
  Átame todo el tiempo que quieras, mantenme escondido cuanto puedas. Pero algún día, esta cadena se romperá, y entonces…  ¡ja! Te daré de qué hablar: haré lo que jamás te atreviste y limpiaré nuestro nombre. Nos devolveré la dignidad.
   No…
   Soy tu fenrir personal.

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jueves, 19 de mayo de 2016



Sacrílega



   Eres dios. Eres sangre.
   Eres todo lo que quiero.
   Sacrílega.
   Eres todo lo que deseo.
   Amante  de  la muerte, déjame besar esa mano roja. Inspiración inaudita, bastarda de la serpiente, fruto podrido.
   Eres una  fiesta a mis sentidos.
   Belleza maldita de labios paganos, hija de la sangrienta Luna, amansada por Venus y afilada por Saturno.
   ¿Qué debo hacer para que escuches mis ruegos?
   Jugaré con los lobos, y danzaré con los sátiros. Beberé el vino más añejo en tu nombre y  me reiré de la Muerte para acunarme en tu insana inmortalidad.
   Sacrílega, ¿cuándo clavarás tus ojos en mí?
   Aspira el incienso de mi ofrenda, bañada con mi propia sangre, fundida con  mis propias lágrimas. Todas para ti.
   El ojo de un gato, para poder verte en la oscuridad. El  corazón de un perro, para serte por siempre fiel. El colmillo de un lobo, para matar en tu  nombre.  La pluma de un cuervo, para  volar hacia ti, por si  te vas.
   Acepta  mi ofrenda roja, Mi Bella, apiádate de un sirviente que no tiene el honor de servir.
   Sacrílega.
   Encenderé una vela negra, cada noche, para guiarte hacia mí.
   Sacrílega.
   Eres la religión predilecta para el que no quiere creer en  ti.
   Sacrílega.
   Eres perfecta, en tu herir.
   Eres sacrílega.

   Oye mis ruegos, ¡ven! , apiádate de  mí.

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Nadie me advirtió




   Cuando decidí pelear por mis sueños, estaba segura de que todo sería perfecto, de que por fin lograría mi cometido en este mundo, de que- por fin- lograría ser libre. Ser feliz.
   Cuando decidí pelear por mis sueños, no sabía lo que era sufrir.
   Cuando decidí hacerme un camino en este mundo, no sabía lo que era la soledad.
    Y es que nadie me advirtió que la vida sería tan fría, ni que las personas serían tan horrendas y  ni que las noches fuesen tan oscuras. Nadie me dijo que me esperarían muchas noches en vela, muchas deslealtades maquiavélicas…nadie me advirtió que no habría un hombro sobre el que llorar. 
    Cuando decidí pelear por mis sueños, estaba segura de que todo saldría tan natural.
    He crecido tanto en tan poco tiempo, a veces me pregunto dónde se ha ido mi inocencia, mi infancia… mi integridad.
    A veces me apena admitir que he olvidado lo que es un abrazo, o un simple acto de bondad. Buscando con ansiedad algún rostro que me acerque a lo que he abandonado en un simple acto de ansiedad, buscando sin encontrar, mezclándome con esta inmundicia que conforma la sociedad… con esas ratas interesadas que lo único que quieren es beberse tu voluntad. Con esos demonios sin alma que se aprovechan de ilusos como yo, por un poco de ese frío metal.
      Y, con el tiempo, comprendí que aquí- en este horrendo mundo- eso es lo único que llega a importar.
      Y, con el tiempo, me descubrí- con horror- buscando con desesperación algún signo de compasión, amor o amistad. Tan sola y vacía me sentía, caminando por esas calles de alucina, repleta de nadies que siquiera me conocían… tan sola y vacía andaba, era un perro más, un vagabundo de la vida, ahogándome en un mar de nadas, buscando refugio en oscuras esquinas. Sin poder creer la frialdad de las personas, de la ciudad, de la horrenda rutina. Sin poder creer que tantos hiciesen aquello todos los días. Sin poder comprender la expresión muerta en los rostros de esos residentes, la ambición absurda de esos empresarios, la resignación perpetua en esos padres…
       Esto es tan diferente de cómo me lo había imaginado.
       Supongo que todo se ve mucho mejor en la imaginación de una niña de quince años.
      Cuando decidí huir del seno materno, lo hice con la intención de ser feliz.
      Ahora comprendo que el estar allí era la verdadera felicidad.
      Nadie me advirtió que, para ganar, debía sufrir. Nadie me dijo que tropezaría mil veces para conseguir absolutamente nada, nadie me advirtió que conocería tantas personas que me harían tanto mal. Que una palabra bonita no siempre es sinónimo de lealtad. Que un apretón de manos, a veces, no significa amistad. Que un beso también podía ser un acto de maldad. Que un trabajo no significa, estrictamente, estabilidad. Que un techo no es, a veces, lo mismo que un hogar.
     Nadie me advirtió.
     Y estoy aterrada.
     Y ahora no hay vuelta atrás.
     Es un todo o nada.
     Y a mí, simplemente, no me gusta perder.
     Esta gente me aterra, pero no voy a ceder.
     Mataré al crío y resurgiré. Como una bestia lista para el descenso, me uniré a ellos, e intentaré no perecer. Afilaré mis colmillos y me arrancaré yo misma la piel. Para no sentir nada, para sobrevivir a esta realidad que sólo sabe hacer escocer. Porque no perderé. Porque he venido para el éxito. Y eso es lo que, exactamente, obtendré.
      Y si para ello, debo unirme a ellos, lo haré.
      Nadie me advirtió, pero ahora lo sé.
      Esto es un todo o nada, y a mí no me gusta perder.



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Una grata sorpresa :3

   Hola, hola!!! Pues bueno, yo estaba chequeando mis e-mail y maldiciendo la pésima conexión a Internet de mi actual espacio geográfico, cuando me encuentro con una grata sorpresa: Desi y Cris-  creadoras del excelentísimo blog "Interpretadoras de Letras"- me han nominado entre otros diez blogs, como una reacción amistosa al esfuerzo- y amor- diario que uno plasma en su Web. Y eso se súper aprecia!! Me alegró el día, la verdad :) 
   Así que aquí os dejo mis respuestas a las preguntas de estas dos bellas señoritas:  

1. Si pudieses meterte en un libro ¿cuál sería y por qué?

   Si tuviese que meterme en un libro sería en Harry Potter y la Piedra Filosofal!!! Jaajajaja, lo admito, soy un fanboy total (y aún estoy esperando mi carta de Hogwarts) xD "Harry Potter y el Prisionero de Azkaban" fue el primer libro que comencé a leer jamás- inclusive antes de esas terribles novelas que nos dan en las escuelas- y la saga me acompañó durante toda la secundaria: y es fácil sentirse en la piel de Harry cuando, prácticamente, eres tan loser como él. Jajajaja. La verdad, HP salvó mi adolescencia e hizo que me sintiese parte algo. Y, por supuesto, me introdujo en la literatura <3 (Vivan los pottéricos!) 

2. ¿Eres de las que toma notas o apunta cosas en los libros de tus partes favoritas o prefieres no pintarlo?

   Los libros NO se ultrajan!! Ni marquitas de boli, ni señalar la hoja doblando el borde y- mucho menos- subrayar. NADA. Hacer una cosa así, para mí, es sacrilegio xD (Aunque los libros de la Uni no cuentan, por obvias razones jajaja) 

3. Lugar favorito donde te gustaría pasar un rato de lectura

   Esta pregunta es difícil, puesto que me la paso viajando- ahora mismo me encuentro en Dubai mientras escribo- y he leído en lugares fantásticos que jamás voy a olvidar. Lugares bellísimos en donde estaría el resto de mi vida... si no fuese pobre y necesitase encarecidamente el WiFi jajaja. Pero, si tuviese que elegir un lugar específico al que no haya ido-aún- para leer, sería definitivamente un NEKO CAFÉ. Es algo muy común en Japón y como dice el nombre: una cafetería con gatos :3 Qué más se puede pedir ?) <3 

4. Libro que nos recomendarías a las dos

   Uffff.... recomendar un libro a una persona es como intentar recomendar a un ex: DEMASIADO personal y arriesgado jajajaja xD Puesto que los gustos son muy variados. Pero, si tuviese que hacerlo... mm... creo que sería "Crimen y Castigo" de Fiodor Dostoievsky: una novela con una trama psicológica inquebrantable, personajes entrañables y profundos, un escenario realista y- por sobre todo- un final inesperado. Algo que, últimamente, escasea en las obras de varios autores actuales. 

5. Al acabar un libro, ¿empiezas otro automáticamente o lo digieres varios días antes de empezar uno nuevo?

 Creo que acabar un libro es casi tan doloroso como terminar con una relación de verano: sabes que llegará a su fin pero- aún así- no puedes evitar sentirte terrible cuando sucede. Como si algo de ti se fuera con esas páginas. Así que, cuando termino un libro que me ha molado mucho, estoy como de luto durante un día o dos... y después retomo la lectura, para llenar ese vacío... y encontrarme luego con que voy a terminar creando otro jajaja :,3 

6. ¿Alguna canción favorita que te guste escuchar mientras lees?

   Cuando leo me gusta el silencio, pero cuando escribo necesito música. Y, ahí, puedo haceros una ensalada de géneros: desde Linkin Park hasta Nightwish y Diana Vickers. Así de bizarro y sin predilección alguna jaja xD


7. Último libro que has leído.

   El último libro que he leído fue "El Castillo" de Kafka... y casi me muero cuando descubro que el pobre no pudo terminarlo *puta vida* :,) 

8. ¿Tienes alguna manía a la hora de ordenar los libros en tus estanterías?

   Soy un OBSESIVO COMPULSIVO por excelencia. Y, pese a que viajo mucho, siempre envío paquetes y paquetes de libros a mi casa materna, en Argentina, donde mi madre los ordena en la estantería de- lo que fue en su momento- mi dormitorio. Los ordeno por géneros, pero dentro de esos géneros, por épocas y- luego de eso- por orden alfabético. Lo sé, doy asco jajaja xD (pobre de mi madre) jajajja x3 

9. Último libro al que le has puesto un 1.

   Crepúsculo. Buena trama, pésima estructura narrativa y atroz final: qué manera de lo más grotesca de aniquilar una buena idea ¬¬

10. ¿tienes un momento del día para leer o eres de los que leen en cualquier momento/lugar?

   Leo en cualquier momento o lugar: en el tren, en el aeropuerto, en el avión, en el hotel... ¡cualquier ocasión es buena! 


11.Cuando sales de casa ¿llevas siempre algún libro en el bolso o prefieres dejarlos en casa?

   Tengo dos clases de libros: los buenos y de colección, que guardo celosamente en estanterías y nunca ven la luz del sol- y los de bolsillo, que bien pueden ser los mismos títulos de los que tengo de colección, pero llevo conmigo a todos lados y estropeo sin- mucha- pena. 



     Bueno, creo que eso es todo! De nuevo, muchísimas gracias por el gesto bellísimas, y nos estamos leyendo!!! :D <3 

miércoles, 18 de mayo de 2016



¡No más!



Tan cerca, tan cerca…
Que casi puedo tocar la libertad.
Un poco más y estaré libre de estas cadenas.
Sólo unas lunas más… y podré volar.

Me han encerrado durante mucho tiempo.
Numerosas han sido mis prisiones.
Pero ahora digo, ¡no más!, a este encarcelamiento.
Ahorcaría mi alma antes que servir a sus intenciones.

Tengo mi espalda marcada por sus látigos.
Y los ojos sedientos de tanto llorar.
Las uñas carcomidas de arañar paredes sin descanso.
No más, ¡no más!

Los odio, me enferman.
Me mata su forma de pensar.
No haré más lo que Ellos quieran.
Seré como sea, y sé que no les gustará.

Tantos años moldeándome a su gusto.
Que casi olvido el propio.
Pero logré salvar los pedazos rotos.
Y reconstruirme a escondidas, poco a poco.

Y lo logré.
¡No seré más una parodia de su estereotipo embustero!
Un cielo estrellado me incita a volver,
¡Volveré sobre los caminos que cultivaron mi anhelo!

Los caminos que Ellos no quieren.
Los senderos espinosos que les lastiman.
Las espinas a las que a tocar no se atreven.
El sendero oscuro que hace temblar su paradigma.

Pero no a mí.
Porque yo nací entre esas espinas.
Y Ellos me engañaron, crearon otro yo sobre mí.
Hicieron que me odiase a mí misma.

Y ahora estoy cerca, tan cerca…
Que casi puedo tocar esa libertad.
Una mano blanca alzándose sobre los barrotes de seda.

¡No más! 

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Bajo la lluvia


Bajo la lluvia.
Expuesto a sus dagas diamantinas.
En esta noche impía.
Absorto en mis pesadillas.

Camino sobre una acera de asfalto quebrado.
Con miles de ojos observándome.
Bajo la mirada, para no ver hacia ambos lados.
Tengo miedo de mí mismo, ¿cómo salvarme?

Y, de repente, algo cálido rozando mi brazo.
No podía ser.
Y ahí estás tú- realmente eres tú- a mi lado.
Esto es real, sé que lo es.

Caminando bajo la lluvia.
Tú y yo.
Soy miles de cosas si me apoyas.
Mi dolor no es nada frente a  tu amor.

Caminando bajo la lluvia.
No existen los deslices.
Esos ojos ya no me perturban.
¡Somos invencibles!

Y vaya si lo somos.
Si ellos son piedra, nosotros somos ácido.
Contigo, puedo con todo.
Soy mil veces más fuerte, cuando estás a mi lado.  

Ayer, tenía miedo del porvenir.
Ayer, caminaba solo bajo la lluvia.
Pero hoy, que sé que estas junto a mí.

Hoy sé, que por hoy, no existe la amargura. 

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martes, 17 de mayo de 2016


Los soldados que nadie ve



   Soldados de  la guerra, soldados de la política, soldados de la religión, soldados del intelecto…
   Siempre habrá alguien que los apoye, siempre habrá alguien que los adore, siempre habrá alguien que de ellos se rebele. Pero, a pesar de todo, los tienen en cuenta: ellos existen en las mentes colectivas y las alabanzas y los elogios y los altares se tienden ante sus pies. Y los golpes y la ira y los enfrentamientos también.
   El mundo ama a los soldados.
   El mundo está repleto de ellos y las culturas cosen sus banderas en torno a sus ídolos sangrientos y miran al Cielo buscando a algún dios que pueda verlos como el niño que al padre se enfrenta y quiebra su altar con tristeza y desprecio.
   El mundo busca dioses humanos.
   Y para ello escogió a los soldados.
   Visten a sus guerreros con bellos uniformes, los alimentan con el más costoso de los centenos, los preparan para morir con honor, sus ataúdes son de oro blanco, marfil y cedro. Y cuando parten hacia la batalla sus pueblos cantan para ellos y les dan palabras de aliento y los convierten en los héroes de los próximos cuentos.
   El mundo necesita sacrificios sangrientos.
   Y para ello creó las guerras.
   Pero yo no vine a escribir sobre ellos, no, sino por los soldados que nadie ve, por los que nacieron peleando y aún lo hacen, bajo el amparo de nadie y sin ninguna motivación o aliento. Quiero ser la voz de esos combatientes que nadie oye o quiere oír, quiero ser la vocera de esos luchadores que día a día se desploman ante la crueldad de un mundo que jamás los vio venir.
   Esta prosa es para todos los que afrontan sus propias guerras, para aquellos cuya vida jamás les regaló nada, para aquellos que, a fuerza de voluntad, han creado su propia bandera y se han levantado para decirle “basta” a sus problemas. Escribo para los huérfanos, para los damnificados, para los solitarios y los pobres: para todos los que la vida, a fuerza de golpes, ha convertido en soldados del día a día. Porque para estos combatientes la guerra nunca termina y el uniforme jamás dejará de estar manchado, porque nadie limpia sus heridas ni llora sus muertes cuando el peso es tan grande que logra quebrarlos.
   Y no hay bellos ataúdes ni cánticos para estos soldados ni hay altares ni tiernos cuentos, siquiera alguien que se digne a recordarlos. Ellos están solos con su soledad y sus guerras, luchando por el futuro que no llega y por una felicidad que les fue negada porque han roto sus cunas y asesinado sus metas. Sus medallas son sus logros, y sus logros unas horas más en esta tierra de malos sueños que por la mañana vuelve a enfrentarlos, a exigirles y a retarlos. Estos soldados no conocen el cansancio y duermen con los ojos abiertos, con una daga en la mano y un olivo reseco descansando en sus pechos. Ellos no saben lo que es el pasado, porque fueron obligados a enfrentar el presente y luchar por un futuro que nunca llega.
   Y no importa cuánto lo intenten: el camino jamás culmina.
   Y no importa cuánto sigan intentando: una Muerte indecorosa siempre les llega.
   No hay honor para ellos ni consuelo en esta tierra, sólo lodo, dolor, sangre y gemidos que a nadie llegan. Luchan a pie, sus armas son piedras y sus trincheras hoyos hediondos que a la muerte alientan: no hay aliados ni dioses para los combatientes de los que hablo, no hay una patria ni un amigo siquiera. Ellos están solos, a la deriva de sus sombras y sus temores, acurrucados en sus catres de barro e hiedra esperando por la mañana agitados, sin saber si sobrevivirán, ni quién los atacará, ni por qué les tocó destino tan cruel siquiera.
   Pero así como llegan sus preguntas las abandonan: y es que la vida no espera. Y es que no tienen tiempo para pensar, ¡los enemigos son tantos y sus armas tan pobres!  La luz de sus lámparas son escuálidas y apenas rasguñan la oscuridad, sus botas están rotas y por ellas entran piedras que hieren su andar. Pero, a  pesar de todo, siguen caminando, ignoran la sangre y desafían a la vida con una valentía tan fuerte que amedrantaría a cualquiera de los demás soldados, sin estandartes ni trompetas, sin perros ni metralletas. Ellos pelean con sus manos y con ellas luego cavan sus trincheras, ellos aúllan a una luna de asfalto sin importarles no recibir respuesta.
   Ellos son el eslabón perdido de esta jungla de asfalto, los fantasmas de esta sociedad austera que se abren paso entre mordiscos y arañazos con tanto ímpetu que hacen temblar el mundo, porque éste sabe que son temibles y poderosos a su manera. Pero ustedes no lo ven siquiera: tan ahogados están en su triste gloria, tan maravillados ante el brillo de esos uniformes que no pueden sentir el sismo que ruge bajo sus pies ni esas gargantas que gritan con fuerza.
   Ellos son los soldados de la vida, los luchadores de profesión, los que no necesitan apoyo del plomo porque sus corazones son de acero. Ellos son los que desayunan dolor, almuerzan frustración y cenan desapego, pero jamás les oirás quejarse, jamás les verás vencidos por completo: pareciera que los apoya alguna especie de dios salvaje, ¿de dónde consiguen tanta energía? No lo comprendo.
   Recorren las calles con la cabeza erguida, desafiando siempre a la vida con una mirada repleta de una fiera valentía que se expande con fuerza y golpea tu alma con tanto ímpetu que quieres llorar, gritar y reír. Damas y caballeros vestidos de mendigos, lobos disfrazados de perros, leones con piel de cordero… eso es lo que son para mí estos soldados sin sargento que se mezclan con nosotros en este vaivén monótono y rutinario, siempre con una misión, siempre con esa determinación en sus movimientos que te provoca detenerte y observarlos con admiración.
   Mis letras son para esos luchadores, los héroes de esta humilde prosa que me atrevo a escribir.  Para esos a quienes la vida escupe cada día y los deja al triste amparo de su porvenir. Para esos que no se rinden y miran hacia delante y hacen del mundo su campo de batalla y de la Muerte su enemigo austero. Para los que no se entregan a las fauces de la Gran Sombra y escarban entre las rocas en busca de tierra donde cultivar sus anhelos.
   Estas letras son para esos soldados.
   Para los soldados que nadie ve.

   Y cuando llegue mi momento de luchar, quisiera hacerlo como ellos.  

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La Reina del Baile



    Las luces de colores se deslizaban-impías- sobre su rostro sudoroso. El rímel y el resto del maquillaje habían llegado hasta su mentón. Una lluvia de espuma inundaba su camino y, entre cuerpos danzantes y corroídos, se hacía lugar…

La Reina del Baile, ¿a dónde irá?
La Reina del Baile, ¿cómo se llamará?
La Reina del Baile, ¿con quién bailará?

   Empujando espaldas y arañando brazos desnudos. Sus ojos oscuros buscaban algo con desesperación. Completamente desorientada, sus brazaletes de plástico bailando al compás de la música mientras ella retoma la carrera desenfrenada entre la cordura y la conmoción.

¿Y cuándo es que cesó de correr?
¿Y cuándo es que cesó de bailar?
La Reina del Baile, ¿a dónde irá?

   Cae un bailarín desde el piso superior, se vuelcan varias botellas. Lluvia de vodka para el piso inferior, gritos mansos delatan sorpresa. Y ella corre, con los ojos desorbitados y el cuerpo tembloroso. Se mueve, exasperada, pero nadie la oye. Sube el volumen el Dj de la discoteca, el infierno sabe a frambuesa, dice una ebria. Una coro de risas le siguen, el Diablo baila en patines, Fausto intenta hacer un movimiento con Helena y Lilith bebe un Martini de manzana.
     Mientras la música resonaba, con fuerza y golpeaba sus corazones, cantando:

La Reina del Baile, ¿dónde está?
La Reina del Baile, ¿desertará?
La Reina del Baile, ¿bailará?

   Colores, gritos, centellas y alcohol… Y, cuando ella quiso darse cuenta, se encontró bailando al compás del ritmo siniestro ¿Quién había tocado su mano? ¿Quién la señalaba entre el gentío? ¿Por qué la estaban mirando? La cabeza le daba vueltas, pero eso no le impedía bailar: volaba con confianza en la tierra, con una naturalidad perversa que algún demonio le dejó al pasar. La gente le aplaudía, entre gritos, formando un muro a su alrededor para poderla admirar. Mientras la música subía su volumen, embriagando a la muchedumbre con su ritmo dispar:

La Reina del Baile, ¿Dónde está?
La Reina del Baile, ¿bailará?
La Reina del Baile, ¡qué bella está!

  Se encontraba sumergida en un océano de colores difusos y extraños sonidos. La corona le pesaba, al igual que sus pensamientos, su cuerpo le traicionaba, deseoso de bailar. Y su corazón latía fervientemente, cual si quisiera explotar, siguiendo el ritmo enfermizo del lugar.

La Reina del Baile, ¿lo logrará…?

   Tun.Tun.Tun.
   No había modo, no podía parar.
   Poco a poco, se le dificultó el respirar. La masa que la rodeaba comenzaba a unirse a su frenético compás, sin saber que en el fondo, no era ella quien bailaba, sino alguien más: algo venenoso corría por sus venas, inflaba sus músculos y la hacía delirar.
   Ella respiraba a bocanadas, cansada y estresada, sus sentidos a punto de explotar.

La Reina del Baile, ¿bailará…?

   Intentó con todas sus fuerzas gritar, pero era imposible: ¿quién la podría escuchar? Movía los labios, que a esa altura habían comenzado a salivar de una forma horrenda, sin poder articular palabra alguna. Pero ellos no lo notaban, tan absortos estaban con sus pasos, con sus flirteos, con sus prácticas de seducción.
   Una orgía gigantesca de sentidos se había armado en la Disco Inferno.

La Reina del Baile, ¿bailará…?

   Todo se le hacía borroso, apenas sí podía ver bien: figuras difusas, cual fantasmas, la observaban desde una dimensión extraña, no sabía por qué. Pero el horrendo baile jamás cesó, porque sus pies no se lo permitían, porque ella no controlaba sus acciones.

Ella es la Reina del Baile, la que no puede dejar de bailar…
Y nosotros la coronamos, porque nos conquistó con su compás infernal…

  Todos la señalaban, entre vítores y aplausos, a medida que la rodeaban cual nube inmensa de carne, humo y alcohol, mientras la sustancia se abría paso en sus venas, carcomía su piel. Iba rauda, hacia sus pulmones y llegó hasta su corazón con una embestida cruel.  
   Tun… Tun…Tun…
   Y, de repente, se detuvo.
   Y sus pupilas se dilataron, con horror.
   Y ella calló, en un último espasmo, sobre el suelo de la disco y en medio de un ritmo histérico de gritos y confusión. Varias manos llegaron a socorrer el cuerpo, repleto del tóxico que ella no pudo divisar en aquella bebida que aquél extraño le ofreció al entrar.
   Pobre ilusa… ¡Aceptar la corona sin saber lo que podría pesar!
   Y se la llevaron, envuelta en sábanas blancas, hacia la salida de aquél bar. Mientras la música seguía sonando, melancólica:


La Reina del Baile, ¿dónde está?


                              Copyright © 2016 Alexander Nells. All rights Reserved.
"Dance", by Klaus Kampert

lunes, 16 de mayo de 2016



Mi ángel roto





   Amarte de esta manera.
   Con el corazón sangrando, en las sombras, hambrienta.
   ¿Qué es esto que siento? ¿Este desgarro tan dulce que me hace gemir?
   ¿Qué es este dolor austero, tan pecaminoso y dulce, que me insta a delinquir?
   Beso la sombra de esos labios, en la oscuridad más remota de mi habitación. Entre el silencio de aquellas sábanas que confían, a la nada, mi dolor.
   Te he probado sólo una vez, pero ha sido suficiente para una eternidad.
   Mi bella, mi flor negra.
   Mi brillante azul.
   Eres hermosa e imposible, eres una quimera.
   Eres la promesa egoísta de algún terrible Dios.
   Eres perfecta para esta alma insurrecta.
   Amarte de esta manera, tan terrorífica y dolorosa, tan peculiar.
   No puedo quererte como quisiera, no puedo: daría lo que fuera por ser ese hombre que, yo sé que imaginabas en mí, cuando me besabas.  
   Quisiera ser la solución a tus dudas, la promesa de tu felicidad y la carcasa de tu alma.  
   Quisiera protegerte, pero estás destinada a una bella ruptura.
   A una poética amargura.  
   Quiero ayudarte, pero no puedo, porque no soy lo que buscas.
   Esos ojos miran hacia ambos lados, con ansiedad, ¿qué buscas, cielo? ¿Por qué tan triste? No lo sabes: juegas entre pieles, lloras en muchos brazos y ríes desesperada, en busca de la felicidad.
   Una vez, yo fui todo eso, hasta que alguien más ocupó mi lugar.
   ¿Qué he hecho para que te vayas, Hermosa Petulante? ¿Qué he hecho mal?
   ¿Y quién soy yo para monopolizarte, Golondrina Emocional?       ¿Quién soy yo para negarte a los bastos cielos, que conforman tu hogar?
   Has astillado mi corazón, bella, pero no me atrevo a arrebatarte la libertad.
   Lo que sucedió en ese ayer fue prohibido, pero también lo más hermoso que he sentido jamás.
   Guardaré esos recuerdos para tus momentos de ausencia y los reviviré en versos, para nunca más olvidar. Viviré con tus palabras fútiles, murmurándolas una y otra vez, reviviéndote eternamente, serás la alquimia perfecta que me desangrará.    
   Mi rosa negra, mi Ángel Fatuo, que manera más bella de delirar.
   ¿Qué sucede, mi no amor? ¿A dónde vas?
   Besaría esos pétalos de nuevo, me ahogaría sumisa en ese océano que conforma tu desconsuelo, Dios hazme hombre para poder hacerla feliz.
   Pero no es posible: me depara un futuro gris y sin ti.
   Tan triste y profunda… tan fría y caliente en su herir.
   Te amo, Sacrílega, aunque apenas te acuerdes de mí.
   Te adoro, Rosa Negra, aunque no signifique mucho para ti.
   Ser parte de tus experimentos me hace feliz.
   Y, aunque jamás supere tus expectativas… siempre estaré para ti.
   Ven, Alas Rotas, úsame como quieras: soy tuya, y siempre lo fui.
   Construye una canoa con mis huesos, arma un arco con mi cabello, escóndete de la lluvia con mi piel. Haz lo que quieras con este cuerpo, Rosa Negra, pero no me abandones. No vayas a donde no te pueda seguir.
   Pero es inevitable: te irás de nuevo, porque el cielo es basto y yo limitada, porque mi alma está agotada y tú eres incansable… te irás porque tiene que ser así.
   Porque no soy suficiente para ti.
   Y, de alguna manera, está bien por mí.
   Hasta que vuelvas de nuevo, te llevarás el Sol y la Luna, y me dejarás expuesta a la sombra más oscura y senil. Sobreviviré sin ti, pero no seré feliz.
   Haría lo que fuera por mantenerte junto a mí.
   Por favor… sonríe, sonríe para mí.
   ¿A dónde vas, mi no amor? ¿Podrías besarme, antes de partir?   

   Adiós, mi Bella Fría, y hasta otro herir. 


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                                                    Imagen de  Ise  Ananphada